
Autor Invitado: Armando Liévana
Al principio de la era de la física moderna se yergue ese magno logro intelectual de un solo hombre: Albert Einstein, que echa a andar dos conceptos revolucionarios en el pensamiento científico de esta disciplina. Uno de ellos constituye la Teoría de la Relatividad y el otro está relacionado con los fenómenos atómicos, que sería característica de la Teoría Cuántica.
Einstein creía firmemente en la armonía inherente a la naturaleza y así define el marco teórico de la Teoría de la Relatividad. En ella, el espacio no es tridimensional y el tiempo no es una entidad separada. Ambos están conectados y por lo tanto no podemos hablar nunca de uno de ellos sin referirnos obligadamente al otro. Los dos forman un continuum denominado "espacio-tiempo" y en consecuencia deja de existir el flujo inamovible e incambiable del tiempo y así, dos eventos que parecen ocurrir simultáneamente, pueden estarlo haciendo en secuencias temporales diferentes. Se termina la medición absoluta del espacio y del tiempo.
Los conceptos de espacio y de tiempo son tan básicos para la descripción de los fenómenos como los vemos, que un cambio en este marco teórico implica un giro absoluto de nuestra percepción de los mismos. La consecuencia más importante de este cambio es el hecho indiscutible que la masa no es nada más que una forma de energía.
Aún un objeto en reposo contiene energía acumulada en su masa y la relación entre las dos se nos dió en la famosa ecuación E=mc^2. Cada piedra de la Rumorosa ha tenido movimiento vertiginoso en su interior por millones de años. Cuerpos celestes de gran masa ejercen su energía sobre otros y aún sobre la luz por medio de la gravedad. Al ser el espacio-tiempo una unidad, tenemos que la gravedad nos puede brindar otra consecuencia: el tiempo puede ser también curveado, o digamos, transformado, es decir, la materia puede hacer que el tiempo fluya o corra a diferentes velocidades. Así mismo, toda la estructura del espacio-tiempo depende de la distribución de la materia en el universo.
Por otro lado, la física cuántica nos demuestra que las partículas sub-atómicas son unidades de materia muy abstractas pues a veces son partículas y a veces ondas; no sólo eso, sino que la materia que las forma en realidad no existe con certeza en cierto lugar o de forma definida, sino que muestra en su lugar una tendencia a existir en forma de probabilidades. Para arruinarnos más el rato, estos patrones totalmente novedosos de existencia son considerados como probabilidades de interconexiones. La Teoría Cuántica revela una unidad básica del universo, donde todas las partículas sub-atómicas se encuentran interconectadas y no separadas como cuerpos sólidos como se creía.
Al penetrar la materia, ésta nos muestra que no podemos fragmentar el mundo en pequeñas unidades con existencias independientes, es decir no existe el concepto griego de átomo indivisible sino que en su lugar la naturaleza se nos muestra como una complicada red de relaciones entre las diferentes partes.
La teoría de la Relatividad y la Teoría Cuántica han ejercido una influencia más que profunda en nuestra comprensión del donde estamos y del quiénes somos. Los conceptos de masa, espacio y tiempo no son como los registramos con nuestros sentidos. Nuestra percepción del todo y de las partes que nos rodean es hasta cierto punto engañosa. En general podemos afirmar que sus características abandonan lo absoluto y adoptan un carácter relativo: la masa no es tan sólida y es solamente energía, el espacio no está vacío y el tiempo pierde su rigidez, además de que los tres están interconectados irremediablemente.
