24 agosto 2008

No amaneció


Autora Invitada: Beatriz Mayoral

En esta foto se ven los bebés, aunque al que está adentro del nido solo se le ve la cabeza un poco. Iba a mandártela para que vieras lo grandes que estaban.

En la segunda foto aparece una paloma intrusa. Es gris muy clarito con unas franjas negras en la punta de las alas. Junto a ella está la mamá de los bebés. Yo llegué a reconocerla porque tenía una pequeña manchita blanca a un lado del ojo izquierdo. Falta un bebé y el otro está agazapado en la esquina de la pared. Cuando llegué no sabía qué estaba pasando pero no me gustó que estuviera la paloma intrusa en el nido y mucho menos que faltara un bebé. Me sentí confundida toda la tarde. El otro bebé no apareció. En esta foto se le nota la manchita blanca al lado del ojo izquierdo a la mamá.

Una de las veces que salí me dí cuenta de que la paloma intrusa estaba peleando con la mamá de los bebés y en un determinado momento comenzó a picotear al bebé, que a ratos quería regresar al nido. Me acerqué unos pasos y la paloma intrusa voló, pero regresaba.

Ya en la tarde que regresé el bebé apareció parado en la banca y volteaba a ratos al nido creo que con intenciones de volver a él. Yo le puse un platito de comida por si funcionaba aquello de que las penas con pan son buenas, pero incluso caminar sobre la banca lo hacía torpemente y se le resbalaban las patitas por las hendiduras.

Aún así la mamá no dejaba de vigilarlo. Se paraba por ahí cerca como alerta buscando el regreso del intruso o solo vigilando al bebé de lejos.

Ya casi para salir, el bebé seguía solo sin moverse, parado en medio de la banca. Así lo dejé cuando me fui, pensando que si no volaba en el transcurso de la noche, no amanecería. Y no amaneció.

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